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Hostelería  Formación De Nuevos Emprendedores.

Andrés Aedo: «Vi beber vino de 11.500 euros con hielo en la copa»

27 Febrero 2010 , Escrito por Abraham Pineda Etiquetado en #Noticias

Actualizado Viernes , 26-02-10 a las 09 : 51

http://www.abc.es/Media/201002/26/vino--300x300.jpg-De Chile a Dubai. Notaría el cambio.
-Fue radical. Dejé casa, familia, amigos... todo.
-Hombre, lo dice como si le hubieran mandado a galeras...
-La primera vez que pisé el vestíbulo de Burj Al Arab me sobrecogí. «Too much» pensé. Luego vi la ciudad, poco acogedora y que no te da la bienvenida, donde todo está por hacer y todo se está construyendo: las calles cambian de sentido de un día para otro.

-¿Fue fácil que le contrataran?
-Tardé dos años hasta que lo conseguí el 3 de junio de 2008. Antes pasé por el exámen del jefe de sumilleres y resultó que la pregunta supuestamente más difícil «¿alguna etiqueta libanesa?» fue la más fácil para mí: ¡Había estado en Líbano un mes antes!

-Los cuatro restaurantes del hotel reúnen más de 680 etiquetas. ¿Gusta el vino español?
-No se pedía mucho. Los franceses ganaban por goleada teniendo en cuenta que el 70% de las etiquetas eran galas. Pero le diré que gustaba mucho el vino del Priorato, Castillo de Perelada, los de Álvaro Palacios... Y por supuesto teníamos Pingus, Vega Sicilia... pero a precios exorbitantes.

-¿El caldo más caro?
-Entre los tintos, Petrus del 86 a 11.500 euros o el Petrus del 95 a 11.000. Una vez se lo serví a un ruso que estaba con la familia; él sólo bebía vodka, y pidió vino para todos. Se lo bebieron como si fuera agua y no le diría yo que no le echaron hielo a alguna copa.

-¿Pero los rusos no se pirraban por el champán Cristal?
-A 5.900 euros la botella. Como era el más famoso proveedor del zar, al ser el único que le gustaba, para los rusos significa la tradición. Sabrá que cuando «sacaron» al zar, Louis Roderer se quedó con una deuda tremenda que no pudo cobrar y los revolucionarios se lo bebieron todo.

-Usted que ha probado tanto, ¿de cuál le prendó su sabor?
-He tomado Petrus, Château Latour... Mi jefe me decía «si no los pruebas y sirves uno en malas condiciones te corto las orejas». Soy amante de los blancos y un día me tocó un cliente muy especial, un hombre joven que quería probar un Batard-Montrachet Grand Cru, de Olivier Leflayve (un borgoñés). Cuando vi que costaba 2.000 euros le pregunté si estaba seguro. Lo degusté y estaba increíble. Pero esa botella la encuentras aquí a 400 euros. Sucede que allá sobre el alcohol hay un 34% de impuestos.

-¿Los musulmanes en su casa le dan mucho al morapio?
-Bastante. En los hoteles, que se considera zona internacional para poder beber, pueden vestirse como árabes, pero fuera, sólo pueden tomar alcohol vestidos de occidentales.

-Cuente como es el cliente de la suite real (20.500 euros la noche).
-No era de la suit real, pero sí de las mejores. Un uzbeko que vivía en el hotel desde hacía cuatro años. Se había mandado hacer un jardín privado cerca de donde tenía estacionados sus vehículos de lujo. Y no bebía más que agua mineral.

-¿La propina del que se trasiega una botella mileurista?
-El Jeque de Qatar que estaba con su novia pidió para él Dom Pérignon Oenoth_que, (3.000 euros), y para ella vodkaredbull. A la segunda copa me dice que no quiere más. ¡Me dejó tres cuartos de botella y 100 euros en efectivo! Fue una buena noche si tenemos en cuenta que la hostelería allí no paga mucho

-¿Por qué lo dejó?
-No pude soportar la forma de vivir: la diversión es ir al «mall» y ni siquiera puedes caminar porque no hay veredas.
-¿Volvió rico con los extras?
-Digamos que con colchón.

-¿Y después del 7 estrellas?
-A ser un «fly winemaker»: volar en primera clase y vender vino alrededor del mundo.

El tesoro de una nariz «siete estrellas»

Tras participar en el famoso concurso para sumilleres La Nariz de Oro, Aedo (Santiago de Chile, 1977), se dispone a trabajar entre Madrid y Beirut.

En la capital española colabora en el nacimiento del nuevo centro gastronómico «Kitchen Club» y en Líbano en el Wine Bar New World. Hasta agosto trabajó en la carta y servicio de vinos del Burj Al Arab (Torre de los Árabes), una experiencia «que es mi gran tesoro».

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