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Historia de un camarero

Publicado en por Alex

Como camarero y en mi corta trayectoria desde el año 1978 en hostelería, comprendo muy bien, él ánimo  de Alex  en su artículo,  de cual me hago eco para difundirlo, que sirva para todos aquellos que creen que un camarero es solamente un sirviente. Que somos  personas como todas, que estamos realizando un trabajo como cualquier otro. O incluso  mucho más duro.

Los camareros también tienen sentimientos

Aquí donde me veis, uno de mis trabajos (además de Telepizza, McDonald’s y otros sitios que algún día comentaré) ha sido de camarero en un bar, en concreto, y para los que sois de Zaragoza, he estado en la Cucaracha y el "Licenciado Vidriera", ambos situados en el casco de la ciudad.

He leído en Diario de un demente una serie de hechos con los que me he sentido totalmente identificado cuando trabajaba de esta guisa y me he reído un rato. Para los que habéis trabajado de camarero, o incluso, para los que salís por ahí y estáis fuera de la barra, siempre viene bien saber cómo se sienten los camareros:

- El bar es un lugar de trabajo y el negocio del dueño, seguramente su medio de vida. No está ahí porque le apetece.
- Estoy trabajando, no me gusta que me toquen los huevos en demasía. Una broma, dos bromas… guay, te las devolveré… pero no te pongas pesado. Tú estás de marcha, yo no.
- Si algo te parece caro, no vuelvas y punto. El dueño del bar paga local, bebidas, música, agua, electricidad, aire acondicionado, calefacción, limpieza, camareros…
- No me llamo “Co”, ni “Eu”, ni me siento aludido ante un silbido. Con un “Camarero”, “Por favor” o un alzamiento de mano, sobra.
- Espera tu turno, te he visto que estás esperando y serás el siguiente. No te pongas cerdo ni me pidas a grito alzado mientras estoy sirviendo a otro cliente. Seguramente sólo conseguirás que me salte tu turno.
- Cuando vaya a atenderte no me digas “Espera que pregunto a ver qué quieren mis amigos” y mucho menos si llevas un buen rato llamándome como a un perro.
- No seas tan cabrón de irte sin pagar. No es mi dinero y por eso me sabe tan malo. Además me acordaré de ti. Tenemos esa facultad.
- No me critiques ni a mí ni al bar cuando estés cerca de la barra, desde dentro se oye todo. Un efecto acústico que nunca comprenderé pero que ahí está.
- Si te digo que son 28,30 euros no me digas que 28 y en paz. Eso queda muy ruin, en todo caso te lo diré yo. Y por supuesto, el que te bebas una ronda no te da derecho a que la siguiente sea gratis, en todo caso te lo diré yo.
- Cuando me pidas, mírame a la cara, soy igual que tú. Además, con la música tan alta, es difícil entender a alguien que no apunta su voz hacia mi oreja.
- Un gracias y/o un por favor no es obligatorio, sólo es educación. Yo siempre te lo diré, pero si tú también lo haces, siempre te lo agradeceré.
- Si salgo a recoger vasos y el bar está hasta los huevos y oyes un “perdona”, te das la vuelta y me ves con 6 vasos en cada mano… es un detalle, créeme, que te apartes un pelín.
- Si el bar está hasta los huevos y me pides seis cubatas… no pretendas que media hora después cuando te vuelva a servir, diciéndome “lo mismo de antes” me acuerde de lo que era. Vuélvemelo a repetir, la saliva es gratis.

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Abraham Pineda Morales 03/04/2017 17:12

He recuperado este artículo del 2015, ahora que la mayor parte de mi tiempo es visitar restaurants y cafeterías, en modo cliente para ver la situación en la que vive diariamente el personal de hostelería se defiende en su quehacer diario. He podido comprobar y sigo comprobando In situ, las situaciones profesionales y laborales de los profesionales de hostelería, las cuales se deben de mejorar muchísimo. No siempre el mal resultado de un negocio hostelero se puede achacar al personal. Sino a veces y lamentablemente muchas a una mala gestión empresarial.